Por Astrid Carolina Tapia, 11º2
En una finca ubicada en los Montes de María, vivían Daniel, su esposa Carolina y sus dos hijos. Como era costumbre, su padre jugaba con ellos después de una jornada larga de trabajo en el campo. El 25 de enero del 2005 Daniel salió a las 5:30 a.m. a realizar sus labores en el campo. Después de terminar Daniel llaga a las 12:15 p.m., almorzó, se reposó y empezó a jugar con su esposa y sus hijos, mientras jugaban parqués unos hombres se acercan al portón y dicen: ¿Quién atiende? Salgan!!!! Daniel se asomó y les dijo: ¿Qué quieren?
-Agua, queremos agua- responden ellos, muévase y rápido, de inmediato Daniel sale a buscar el agua y aprovechó, en decirle a la familia que pasara lo que pasara no salieran de la casa.
Cuando les llevó el agua, le preguntaron el nombre y respondió: Daniel Torres. Después de saber su nombre, los hombres murmuran entre ellos.
Su familia tenía mucha incertidumbre pues no sabían que suerte tendría Daniel, entonces dice uno de ellos: tráigame el ultimo vaso de agua.
Daniel se voltea, su esposa cuenta que cuando lo ve venir se alegra; en el momento en que Daniel voltea los hombres le disparan causándole la muerte instantáneamente.
Después de dispararle se marcharon, su esposa no se atrevía a salir de la casa y sus hijos le preguntaban: mama que paso!!!!! Que por que su papa estaba allí tirado y con sangre. Dice que les contestó con el dolor más grande del mundo que su padre solo estaba dormido porque estaba cansado y que la sangre era de un cerdo que había matado.
Carolina espero la madrugada y dice que a las 4:30 a.m. despertó a sus hijos y como pudo salió hasta la carretera y se embarcó en un bus que la trajo hasta el pueblo: aquí llegó donde sus familiares y les conto la tragedia que había pasado.
Eran las 6:35 a.m. cuando el cuerpo de Daniel ingresó a la morgue. Su cuerpo recibió santa sepultura el día 27 de enero a las 9:30 a.m. Estas cosas, Carolina, jamás olvidara.
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