por Paula Andrea González Novoa, 11ª1
El 11 de Marzo de 1996, el señor Pablo Pérez Arroyo, oriundo del casco urbano Carmen de Bolívar, se encontraba trabajando en Capaca, una vereda alejada del pueblo.
Un día cualquiera, fue a cobrar su sueldo a Zambrano donde se encontraba ubicada la finca de su jefe; al día siguiente cuando éste había regresado a Capaca y se encontraba dispuesto a ingresar a su trabajo ubicado en el kilometro 7, fue interceptado por varios hombres encapuchados quienes sin darle ninguna explicación lo ultrajaron, y luego lo ingresaron a una camioneta.
Al pasar ya dos semanas de la desaparición, los familiares de Pablo estaban desesperados, pues, este acostumbraba a perderse de vez en cuando de su casa pero ¡era tan largo el tiempo y ellos no recibían una noticia de él!; así se fue pasando el tiempo y nada que se sabía del paradero de Pablo.
Seis (6) meses después, la familia Pérez Arroyo se encontraba en una reunión familiar cuando recibieron una llamada en la cual les informaban acerca del lugar donde se encontraba el cadáver de Pablo; este lugar según lo dicho en la llamada se encontraba en el sur de Medellín. De inmediato Wilson, su hermano mayor, se dirigió al lugar donde posiblemente estaría el cadáver de su hermano.
Al llegar al lugar, Wilson se da cuenta que desafortunadamente solo se trataba de un cadáver con las mismas características de su hermano Pablo; este sintió una gran tristeza pero a la vez una gran alegría pues sabía que todavía habían posibilidades de encontrar a Pablo con vida, pero le dolía mucho pensar que su familia todavía tendría que pasar tantas tristezas y penurias por la desaparición de Pablo.
Ya han pasado 15 años y la familia Pérez Arroyo todavía guarda la esperanza de obtener alguna noticia acerca el paradero de Pablo; pues a ellos no les importa que lo vayan a encontrar sin vida, pues solo desean darle una cristiana sepultura.
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