CRONICAS DE ONELSIS O MUERTES PROVOCADAS POR VIOLENCIAS
Por: Onelsis Montes, 10º6
En el año 2000, en la vereda la Cañada de Bolívar se manifestó una violencia contra todos los campesinos de esa localidad. En mi familia esta desastrosa violencia se vivió en carne propia. El dolor y la angustia que se sintieron en aquellos tiempos fue algo lo cual nunca se ha podido olvidar.
El 18 de marzo del 2000 se empezó a vivir la angustia en esta vereda ya que aquel día entraron grupos armados al margen de la ley tomando toda la zona. Estas personas armadas llegaron con unas ganas de matar y maltratar a todo aquel que se encontraban.
Un miércoles, en las horas de la tarde, aproximadamente como a las seis, se habían desplazado los señores Armando, Juan y José por toda la localidad avisando que grupos de guerrillas habían entrado por los lados de Macayepo, y al poco rato viene el señor Pedro y Francisco a decir que habían entrado unos grupos de paramilitares por los lados de Floralito.
El 22 de marzo del año en curso, llegan a mi casa cuatro guerrilleros. El comandante de este bloque más conocido como “El Cachaco”, un hombre alto, delgado, llega con pistolas en manos y preguntándoles a todos que como estaban en las cosas, que si los chulos no estaban por esos lados. En mi casa, mi mamá dijo la verdad: “A esa gente hace rato que no la vemos”, y ellos dijeron: “Bueno, nosotros estamos por aquí cerca”.
El día 25 de marzo llegan a mi casa un grupo de paramilitares comandado por Rodrigo, más conocido como “El Cadena”. Ese día nos encontrábamos comiendo en mi casa toda la familia. Los hombres armados le dicen a mi primo que como se llamaba y él les respondió: “Mi nombre es Jhon Montes”. El señor “Cadena” le dice: “Necesito que me hagan un favor de irme a comprar un arroz” y mi primo, atemorizado, le dice: “Claro, como no”. Colocó la comida en la mesa, agarró el burro, se montó y se fue. Él les preguntó: ¿Y la plata?”. Los paras les respondieron que en el camino se la daban.
Cuando ellos salen al camino sonaron unos disparos para los lados donde mi primo Jhon había salido. En mi casa enseguida nos llenamos de mucho miedo, pensando que a mi primo lo habían matado.
Ese mismo día a unas pocas horas sonaron unos disparos más arriba de la casa. Habían matado a dos hermanos llamados Jaider y Luis. Los padres de estos dos jóvenes se habían volado corriendo porque a ellos también los iban a matar. En la noche como a las siete todavía mi primo no daba señales de vida; al poco rato llegan los hombres armados con carcajadas de risas y decían: “Acabemos con esos desgraciados, malparidos guerrilleros”. Cuando mi mama escucha esas frases tan vulgares ella se levanta del taburete y les dice: “Aquí somos cristianos, aquí esas palabras no se dicen”.
Este hombre se llena de rabia y le dice: “Por qué mejor no va a recoger a su sobrino, que es uno de los muertos”. Mi madre al escuchar esas palabras, empieza a llorar y el hombre le coloca el arma en los sentidos y la amenaza: “no llore, cállese la boca o la matamos a usted también”.
Yo estaba como de algunos nueve años, pero sé cómo nos sentíamos ese día en la casa: angustiados, con un muerto en la casa, … ni maneras de llorar y con un dolor inmenso en el alma por la muerte de mi primo que no le había hecho nada a nadie.
Después de haber pasado esta desastrosa muerte, entonces fue donde ellos, los paracos, tomaron fuerzas y empezaron a matar a todo el que a ellos les daba la gana y les hacían de cuantas maldades existen.
Pasados unos meses ya la vereda se encontraba en una tranquilidad, todos se encontraban tranquilos trabajando.
Pero el 10 de octubre del mismo año, se vuelven a retomar los días de angustia y dolor en mi familia. Fueron a avisar que habían matado a Nilde Martínez, cuñada de mi mama y a Darlis Batista, sobrina de mi mama. Ellas se encontraban en el arroyo lavando y allá las fueron a buscar para quitarles la vida. Estas muertes sucedieron en el corregimiento de Floralito. Otra vez se llenan nuestros corazones de angustia y dolor; no podíamos dormir tranquilos, ni comíamos, porque nos tocaba dormir en el monte expuestos a ser mordidos por animales venenosos. En mi familia vivimos bastantes tiempos dolorosos y de gran angustia y tristeza.
Pero aquí no termina esta tristeza y dolor para mi familia. Debido a todo lo que había pasado, nos tuvimos que desplazar para El Carmen de Bolívar, dejar todo y salir con las manos limpias sin tener que comer. Gracias a Dios existen personas que tienen un corazón muy grande y al nosotros llegar a El Carmen nos extendieron su mano. Después todo se calmó: mi papá volvió a la finca y mi mama y mis hermanas nos quedamos en El Carmen, estudiando.
En el año 2007, todavía por culpas de la violencia en mi familia sigue el dolor y aun ahora más grande. El día miércoles 12 de abril, mi madre se quita la vida porque se sentía atada, mal y sin dinero y con nosotras pequeñas. Mi mamá llegó hasta regalarme a una familia para que ellos me dieran de comer y me dieran los estudios. Pero yo le dije a mi mamá: “Cuando no se puede no se puede, así que yo no la voy a dejar sola porque yo siempre he querido estudiar para ser alguien en la vida”. Pero en esos momentos no podía hacer nada, sentía que con la muerte de mamá todas mis ilusiones se esfumaban.
En mi vida, a pesar de tanto dolor y violencia, dolor tan grande que jamás podrá salir de mi corazón le doy gracias a Dios, porque aún me mantiene con vida y aunque haga falta lo mejor que es una madre aun nos encontramos luchando para seguir adelante porque Dios nunca nos ha desamparado. Porqué aunque el padre y la madre nos dejaren con todo Jehová nos recogerá.
… PERO NO SERÍA CAPAZ DE ESCRIBIR ESTO OTRA VEZ, ME LLENO DE TRISTEZA Y NO LO PUEDO HACER .
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