A UN HOMBRE QUE NO MURIÓ
A mi padre: Jorge Elías
Y a su bella manía de soñar
El día era un día
como muchos otros.
mi corazón latía
como otros días lo hacía.
Llegó la noticia:
¡lo mataron,
está muerto ¡
No lo creí,
mi pecho no lo creyó,
mis oídos tampoco
y mis ojos
mucho menos,
pues en ellos permanecía
intacta su imagen.
El alma
me pataleó,
se hundió sin remedio
en la duda… no podía ser verdad!
Cuando sentí lo inexorable
de la noticia,
me repetí…te repetí,
una y otra vez:
¡Tú no puedes morir¡
Yo no quería
Que lo hicieses.
Yo le pedí
miles de veces a Dios
que tú nunca murieses.
¡tuvo que haberme oído
alguna vez!
El día era un día
como muchos otros,
pero llegó la noticia:
“siete disparos asesinos
cortaron tu cuerpo
y tu vida,
siete disparos salvajes
te amarraron a la muerte”
Y dejaste este mundo.
Y te fuiste sin poder despedirte.
Y te fuiste
con el dolor grabado
en tu rostro...
no el dolor de la muerte
sino el dolor
de no poderles decir adiós
a los que amabas.
En mi llanto
me pregunté:
¿Si acaso Dios
no me había escuchado?
¿Si acaso todo aquello era justo?
Mi corazón adolorido
no quiso escuchar respuestas,
me sentí un inválido
en mitad de un desierto de hielo.
Hoy varios años después,
cuando aún te extraño,
cuando intento darles forma
y cumplir
tus sueños y mis sueños:
tu voz,
tus ojos,
tu caminar
y tus sonrisas
los siento muy vivos.
Hoy varios años después,
cuando aún te amo
te siento a mi lado,
siento tus brazos
protegiéndome,
y abrazándome,
siento tus pasos
en la distancia.
Hoy varios años después,
cuando aún te extraño,
te veo día a día,
te pienso sueño
a sueño,
y siento que,
¡Dios sí me escuchó
y te llevó a su Reino!
Hoy varios años después
le pregunto en mis sueños
a Dios por ti
y Él dulcemente me responde:
tranquilo Hijo mío
Él está conmigo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario