En el barrio primero de mayo el 9 de junio del año 2.000 hubo un hostigamiento por parte de la guerrilla; las 7.00 pm. salía con mi mamá de la casa, con mi abuela y mis dos hermanos. Nos disponíamos a visitar a una prima en el barrio El Prado, cuando de pronto se escucharon unos disparos. Mi mamá y mi abuela se asustaron y decidieron regresar a la casa. En plena calle nos vimos envueltos en medio de disparos y granadas que caían en un campo que queda cerca de la casa.
Era algo nuevo para todos; el simple hecho de ver a mi abuela correr y llorar al igual que a mi mama. Cuando llegamos a donde mis abuelos tocamos desesperados y asustados la puerta, pero nadie la abría. Mi mamá, desesperada, le dio una patada, mientras Nora Romaní, una vecina nos gritaba que nos tiráramos al piso y entráramos a su casa, pero en esos momentos nos abrieron y entramos todos. Era un caos: solo se escuchaban gritos, llantos, disparos y granadas.
Era algo nuevo para todos; el simple hecho de ver a mi abuela correr y llorar al igual que a mi mama. Cuando llegamos a donde mis abuelos tocamos desesperados y asustados la puerta, pero nadie la abría. Mi mamá, desesperada, le dio una patada, mientras Nora Romaní, una vecina nos gritaba que nos tiráramos al piso y entráramos a su casa, pero en esos momentos nos abrieron y entramos todos. Era un caos: solo se escuchaban gritos, llantos, disparos y granadas.
Mi papá, desesperado, salió a buscarnos, pero una vecina lo entró a su casa y no lo dejó salir por su seguridad. A las diez de la noche, todo volvió a la calma; gracias a Dios, regresamos a la casa y fue cuando nos enteramos que la guerrilla solo iba pasando a una calle de mi casa y alguien le avisó a la policía y por eso se dio ese enfrentamiento que dejó a una persona herida, techos colados y muchas casas perforadas.
Esto fue una experiencia amarga para los que la vivimos.
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